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Vallibona. 20 de mayo de 2007
20 de mayo de 2007. El Centro Excursionista emprendía la antepenúltima de sus actividades antes del relentí estival, en esa ocasión sus andares les llevarían a conocer mejor el interior de la provincia de Castellón. El Maestrazgo y la Tinença serían su ¿accidentado? objetivo.
Ese domingo, a las ocho de la mañana como es habitual en ellos, se reunieron junto a la entrada principal del Casal Jove, su sede actual. Como novedad, un gran autobús les esperaba para un cómodo acercamiento a las inmediaciones de Vallibona. Alguien había informado mal al avezado conductor, confundiendo el pueblo de Vallibona con el santuario de la Vallibana, también por aquellos lares. ¿El problema? que el primero, nuestro destino, era cuasi inaccesible con tan largo vehículo, mientras que al segundo le cabía una flotilla entera. Para salir airosos de este primer tropezón, se decidió cambiar a un carruaje más pequeño.
Se comenzaba a acumular un ligero retraso, que junto con las temidas y anunciadas tormentas de la tarde, sin duda influirían en el devenir de la posterior marcha. Pero todo llega, y llegó, llegó el momento en que durante una serpenteante ascensión por estrecha carretera de interior, el recambiado autobús dijo, o le hicieron decir, basta; siendo escuchado en su lamento, hubo que realizar una encomiable retromaniobra airosa en su conclusión a pesar de varios calados de motor así como de un notable tufo a embrague quemado. El retraso se acumulaba al tiempo que los cielos parecían no acompañar los deseos de bonanza.
Variar la ruta a causa de un autobús derrengado, que no de un conductor sensato ¡larga vida señor conductor! no se puede hacer así como así, pero se hizo, y es que cuando quien dirige además se esfuerza por hacerlo bien el resultado suele ser bueno. Así que Montse y Loles medio sacaron de sus mangas una pequeña variante que muy pronto pondrían al grupo en ruta según lo planeado.
De entre los momentos más irreprimibles con que el ser humano se pueda encontrar, destaca aquel en el que sus intestinos le dicen que la expresión: esta marcha está que te cagas, es algo más que una malsonante frase, y si además ello ocurre en un momento en el que las sendas se confunden, uno puede acabar, aunque desahogado, perdiendo el norte ¿Quizá por el esfuerzo?… Un nuevo retraso vino a acumularse hasta que se encontró al desnortado intestinal. Esta vez el cielo se mostraba benevolente con los objetivos del grupo.
Las espectaculares vistas, las grandes carrascas, algún que otro cortado y el río Cérvol bien acaudalado, hicieron caer en el olvido esos pequeños incidentes del comienzo, gajes del senderismo y la aventura. Y así fue que llegaron a la Vallibona, pero tuvieron que pasarla de largo ¡tempus fugit!. El río Cérvol se empeñaba en cruzarse más de una vez en sus caminos, y claro ya se sabe, tanto fue el cántaro a la fuente que… uno de los posibles traspiés que se pueden dar en toda marcha fue premiado con un chapuzón de medio cuerpo, algunos aficionados a la fotografía se esforzaban por conseguir la exclusiva del momento, mientras, otros con un sentido mayor del socorro y del decoro, acudieron de inmediato al amparo del goteante ínclito. Nada más serio hubo que lamentar, solo los frustrados fotógrafos, que entre miradas de complicidad se dieron a entender que ninguno había conseguido la imagen perfecta, sintieron que todo hubiera sido tan rápido.
Llegaba la hora de comer, y mientras algunos inconscientes optaban por ascender arriesgadamente hasta un curioso abrigo rocoso, el resto de participantes se relajaban y refrescaban sus pies en las cristalinas aguas, todo se prometía ya tan idílico como aquel paraje, sin ningún contratiempo, incluso los cielos habían cedido sitio al astro rey. Pero todos los pies que se remojaron no eran iguales, cosa lógica incluso en un mismo individuo; unos mas grandes otros con más o menos garras y uno de ellos, el que muy pronto daría que hablar, con dedales protectores. Su propietaria, del pie y de los dedales, recientemente había superado, o eso creía, una seria lesión; su fogoso interior juvenil y aventurero hizo que, imprudentemente, se jugara a cara o cruz su reencuentro con el mundo del pateo. En tan larga lid, y tras el feliz descansillo de la comida y ante las primeras rampas de un riguroso y contundente ascenso, la cruz se manifestó en forma de imposibilidad de avance. Hielo, pastillas, dedales y chancletas no sirvieron de nada.
Quedando lo más duro por delante se optó por comprobar si el archiconocido 112 funcionaba correctamente, y a pesar de la poca cobertura funcionó. El grueso del grupo ahora dividido, retomó su ascenso dejando atrás a la maltrecha senderista acompañada de otros dos a la espera de la ayuda solicitada. La fortuna quiso que aquel incidente se diera en una pista forestal, lo que facilitó que en poco más de una hora un todo terreno de los bomberos voluntarios de Morella ¡mil gracias señores bomberos! ¡mil gracias oh 112! hiciera acto de presencia y acudiera solicito al lugar del encuentro con la yacente de los dedos enfundados.
Ahora sí, acabada la ascensión y encontrándose una patrulla de bomberos con otra patrulla de bomberos y ambas con una de la Guardia Civil ¡mil gracias Guardia Civil! todos en la cima, incluidos el duendecillo de la mala pata el extravío y el chapuzón, daban por terminada aquella aventura. Los pocos kilómetros que quedaban hasta el autobús trascurrieron sin novedad aquel inolvidable 20 de mayo de 2007.
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