Author Archives: BurrianaPL

Forcall. 6 de mayo de 2012


Y el caso es que al final de todo me quedé con las ganas de pasar por delante del horno más antiguo de Europa. Había escuchado a uno de los organizadores comentar esta curiosidad al inicio de la marcha, me dije que no me iría de Forcall sin pasar por delante y hacerle una foto, pero no fue así. No sé si embebido por diferentes fachadas y voladizos, por distintas arcadas de piedra, o abstraído aún por el camino recorrido aquel día, el caso es que se me pasó por alto plasmar en foto ese retal de historia europea. Marché de allí con algo de barro en las botas y el sudor pegado en la piel. Aquel salitre delataba el esfuerzo realizado en cada una de las tres visitas a otras tantas elevaciones del entrono de Forcall: La Vila, Camarás y Garumba. Y aunque no hubo cámara para el horno, sí quedó retratada toda la peripecia del día. Y otra vez el encanto de la roca y el bosque hechos uno, posando inmóviles ante el paso del caminante, quedaron en la retina de cuantos allí acudimos. Colosos de piedra dejándose hollar y aguzando sentidos y ensueños. Quien quiso imaginar pudo hacerlo creyendo estar en la isla de Pascua viendo caras de gigantes talladas en la roca, o asomado en Inglaterra donde los druidas oficiaban entre piedras, o imaginando algún dentista apabullado ante tan rotundas muelas…

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Torralba del Pinar. 22 de abril de 2012


“Lo bueno, si breve, dos veces bueno…” con esta conocida frase del apresurado jesuita Baltasar Gracián, podríamos resumir el paseo mañanero al pico del Pinar, en Torralba del Pinar. No con ello queriendo indicar que optamos por un senderismo fugaz, hecho en un suspiro, no. Suspiremos muchas veces, sobre todo, al ganar altura, tanto como para causar algún mareo, que lo hubo. ¡No!, no entendamos ahora que abogamos por un quebranto continuo de cuerpos desbordados. Ni lo uno, ni lo otro; todo en su término medio. Abreviando, que es lo suyo en esta ocasión. Guardaremos de este desconocido pico, que ya no lo es, la magnífica y novedosa perspectiva de una Sierra de Espadán rebosante de verdor y abruptamente recortada. Y de fondo, Peñagolosa, Bartolo, Pina, Espadán, Rápita…

Y si alguno no gustó de lo que con gusto se describe, congráciese con Gracián y apure su aserto. “…Lo malo, si poco, no tan malo”

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Catí. 25 de marzo de 2012


Mira que lo dijimos. ¡Ojo que el sábado por la noche se cambia la hora, saldremos a las ocho, hora nueva!, y poco antes de las ocho de la mañana, hora oficial de ese domingo veinticinco de marzo, el teléfono sonó para disculpar a dos que se habían dormido, dos que vieron siete, donde todos vimos ocho. Allí se quedaron. Y de allí nos fuimos caminito de Catí. Al poco un coche tiró en una dirección, otro en otra y un tercero vaciló a cuál de los dos seguir, pero se obró el milagro, y poco más de una hora después, todos se reagruparon en la localidad acordada.

El frescor mañanero se vino abajo al tiempo que nosotros lo hicimos hacia lo alto del Balneario de L´Avellá. Allí más de uno se quedó con las ganas de algún masaje relajante. Paliar ese deseo con un buen carajillo, fue lo más que se pudo hacer al respecto. Con el estómago “encarajillado” se siguió la ruta programada, ahora serpenteando hacia abajo, por un emboscado barranco, ahora por uno que subía hasta bordear una muela que a modo de balcón sirvió para el primer vistazo hacia lo infinito del paisaje, Catí al fondo, sus campos, sus pastos; Xert a un costado, su muela, sus canteras… Próximo a ese infinito quedaba el pico que habría que alcanzar, y antes del mismo la despejada ladera que se eternizaría en el asalto hacia la cumbre. Aún quedaba algo de las últimas nieves y algo de metralla de la última guerra. Foto de grupo en el vértice geodésico y nuevamente en marcha para bajar hacia la primera de las dos neveras con que nos íbamos a topar, la nevera Vella, tan “vella” que había que andarla con cuidado de no ser fagocitado por sus peligrosas bocas. Más amable, aunque igual de vetusta, la segunda de las neveras, la del “Mas de la Serra”, se dejaba invadir descendiendo por su intacta escalera. Hubo quien lo hizo.

El continuo descenso nos llevaría nuevamente a la población, más concretamente, y como por azar, a las puertas de uno de los restaurantes de la localidad, donde evidentemente no hubo duda a la hora de decidirse a entrar y refrescarse con una buena cerveza. Atrás quedó la comida en una fuente que algún día fue abrevadero y gozó del agua en su regazo.

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Vallibona. 11 de marzo de 2012


La “penica” es que esté tan lejos, a innumerables curvas de la Plana. A veintidós kilómetros de Morella, la carretera se desvía y se retuerce durante otros dieciséis. Estrecha y de mal firme en su arranque, mejora en todo a medida que se acerca a Vallibona. Imperturbables los coches al balanceo de las curvas, no ocurre lo mismo con quienes los ocupan; por contra son éstos, los perjudicados por el zigzag continuo, los que más se alegran cuando llegan a destino. Se puede decir por ello que al menos una persona se alegró lo indecible al llegar a aquel bonito y recóndito rincón del Maestrazgo. El resto lo fuimos haciendo a medida que comenzábamos aquel paseo de veinte quilómetros.

A los que nos gusta el maridaje entre la roca pura y los árboles de toda clase, aquella degustación nos sedujo de principio a fin, tanto con los entrantes como durante el primero y el segundo de los platos paisajísticos que el chef fue colocándonos delante. Por no hablar de los diferentes aliños faunísticos que, a modo de vacas, corderitos y diferentes clases de animales voladores, hicieron más sabrosa aquella cata. Que si una tapita de “Mas de l´Escala”, otra de “Carrasca de Pere tronchada”, un primer plato de “Mirador sobre el rio de les Corces” y un segundo y exquisito, servido en bandeja de hojarasca “Font de la Donzella”; aderezado con alguna carrasca monumental, musgo en abundancia y una apretadísima concentración de estiradas encinas buscando su cuota de luz solar… ¡Y qué decir del postre! “Mousse de molí de Rico” bañado en “Fondué de Font de la Canaleta”. Delicioso, todo resultó delicioso, incluida la otra repostería, que si “Rosegó” que si “Palmeritas”… Todo a pedir de boca, también cómo no, la copa final servida en la terracita del hostal restaurante de Vallibona. ¡Salud!

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