Archivo de julio 2010
Escapada a Picos de Europa. 5 de julio de 2010
Dos de nuestros socios más veteranos se fueron de prácticas este verano a la montaña ¡“Alta montaña”!
Los Picos de Europa estuvieron a su alcance durante cuatro días.
Desde Puente Poncebos (250 m. de altitud), su primera salida fue, la subida a los invernales de Ondon (1400 m. de altitud) desde donde se puede ver todo el Mazizo Central y la impresionante mole del Picú Urriellu (Naranjo de Bulnes), si el tiempo y las nieblas te lo permiten claro ¡y nunca mejor dicho!
El segundo día, cargando con las mochilas para tres jornadas de marcha, comenzó la subida hacia Bulnes, y desde allí siguiendo la antigua senda que va al refugio Urriellu, pasando por la cascada de Mestas, la senda se adentra en el Canal de Balcosín y a continuación, el Canal de Camburero, terminando en una larga y ardua pedrera, o empinado camino de piedras sueltas, según algunos, que no tenía fin o eso parecía, pero al final de la misma, y después de un pequeño trepe y un destrepe, aparece el tan ansiado refugio al pie del impresionante Picú Urriellu (Naranjo de Bulnes, 1950 m. de altitud). Y el maravilloso sueño de una refrescante ducha, se quedó en eso, pues por problemas técnicos (unos dicen que de agua y otros que de desagüe) solo fue un sueño, y todo el que llegaba se tenía que “apañar” con un grifo-fuente que había en el exterior.
El tercer día, después de un merecido descanso. Se adentran, sin prisas y disfrutando del buen tiempo que hace, en el corazón del Macizo Central, donde se pueden ver las manadas de rebecos paciendo tranquilos y descansando sobre la nieve que todavía persiste en esta zona.
El último día, la idea era madrugar y hacer la vuelta a Bulnes por Pandébano, la niebla fue la primera sorpresa, pues era tan espesa que no dejaba ver ni los propios pies. La segunda, fue ver dos preciosas salamandras paseando tranquilas por la orilla de la senda. Al paso por los pastizales de Pandébano, se oían los cencerros y los mugidos de las vacas, pero no se veían hasta que no se tenían sus traseros delante de las narices. Al llegar a Bulnes el tiempo había mejorado y se pudo bajar a Puente Poncebos sin más problemas.
Y ESTE ES EL FINAL DE LA AVENTURA…
Ver: Imágenes del día
Virgen de la Vega. 3 y 4 de julio de 2010
Dos fases, dos días, dos grupos distintos, pero dos sustos idénticos aunque con diferentes afectados. ¿Recordáis aquella cancioncilla… dónde están las llaves matarile rile rile…? La letrilla de esta inocente canción acababa diciendo que en el fondo del mar se encontrarían. ¡Pues no! Y es que el sábado al acabar con la primera de las marchas, alguien dijo ¿Dónde están las llaves del coche?, ¿Dónde las has puesto cariño? (¡Ummmm que bonito!, la tormenta es inminente) de inmediato comenzó una búsqueda, en creciente acaloramiento, que poco a poco iba involucrando a más gente y acabando con casi toda muestra de romanticismo de verano. Al borde del ataque y/o infarto del suyocardio, alguien no involucrado emocionalmente, más sereno, y después de emplearse a conciencia, dijo ¡aquí están, las tengo!… Y os aseguro que en Alcalá de la Selva no hay mar, pero sí mochilas con un importante fondo.
Anterior a la primera aventura de “las llaves escurridizas”, y ojo que esto es un preocupante caso que ya nos ha sacudido varis veces, hubo un magnífico día de senderismo por extensas y tupidas praderas multicolores, que a ratos cedían el paso a zonas de pastos, a bonitos y densos pinares, al río Alfambra… Éste, que medianamente dócil a nuestro caminar se dejó remontar sin demasiada oposición, sería dejado atrás cuando ya desde lo alto de una faja, comenzamos el descenso hacia nuestro punto de salida. De allí al camping donde hicimos noche fue un suspiro.
Qué duda cabe que las triunfadoras en aquel acampadero fueron las tiendas de montaje rápido o súper rápido, según la maña de cada cual, de cierta marca comercial establecida con fuerza en Castellón. Se pudo dormir en ellas, se desmontaron casi con tanta celeridad como se desplegaron. ¡El día segundo comenzaba!
Nuevos aventureros llegaron y otros se fueron, el grupo que se formó, puso pie a tierra en el mirador de San Rafael, allí comenzó la segunda de las jornadas programadas para esta última aventura veraniega del Centro Excursionista de Burriana. La dureza de la marcha no fue tanta como la de la víspera, aún con ello, hubo exigencia moderada para alcanzar el alto de La Olmedilla. Después de la ineludible sesión fotográfica, comenzaría un interesante y prolongado descenso hasta encontrar la refrescante cascada de la Hiedra.
Durante el camino, unos mudos, estirados, cabezones y altísimos invitados, coronados con una preocupante blancura, fueron dejando atrás su timidez mañanera a la vez que cambiaron de color y ganaron en sonoridad… Una tormenta de verano se acercaba. ¡Y justo en el tramo final, y justo en la parte dura del trazado!…
Hubo agua para todos ¡si Camps hubiera estado allí!… El que la evitó en la cascada próxima a Fuen Narices, por las mismas, topó con ella y con el granizo que la acompañaba, durante el tramo de subida hacia el mirador del mentado arcángel. Milagrosamente todos llegamos sanos pero mojados…
Y entonces cual último trueno ensordecedor, alguien dijo !!!DÓNDE ESTÁN LAS LLAVES!!! Y la historia volvió a repetirse. Y hubo acaloramiento, congoja, impotencia… Y a muchos quilómetros de allí, ya en Burriana, aparecieron las llaves…
¡Ya ves tú!
Ver: Imágenes del día
Cortes de Pallás. 27 de junio de 2010
Cortes de Pallás, que no Cortes de Arenoso, como no se quien se inventó… Lo bonito, su agreste muela, la presa… Lo no tan bonito, la distancia en automóvil desde Burriana.
El visionado de diferentes muelas, con sus verticalidades a prueba de insensatos y la entrada al pueblo sobre un puente que luego se convierte en túnel, auguraban una entretenida y bella marcha de medio día.
El grupo se encaminó directo hacia unas paredes, a modo de murallones naturales, que desde la distancia parecían no iban a ceder al paso de ningún senderista inquieto. Afortunadamente, antes que los senderistas actuales, lugareños de otros tiempos, forzados por el hambre o por el señor Barón, o ambos al unísono, no tuvieron otra que encaramarse a lo alto de la muela para conseguir espacio plano donde sembrar.
Aquellos, con azadas y burritos, nosotros alzados cual borricos seguimos el empedrado y serpenteante camino que los labriegos supieron trazar acariciando la roca. Una vez arriba, quien esperaba encontrarse cara a cara con el azul del agua de la impresionante balsa superior del embalse de Cortes, se quedó con las ganas de ello, y no tuvo otra que imaginarse el gran volumen de agua que por la noche es elevada hasta allí, para, durante el día, precipitarse hacia las turbinas inferiores y producir con ello electricidad. La imaginación empleada tenía que ser tan grande como el muro y las alambradas que se alzaban en aquel altiplano sin dejar ver qué escondían.
Tal cual subimos, obviamente, hubo que descender, pero por aquello de no repetir, el descenso tuvo lugar por otra de las paredes que delimitan la muela. Superado el vértigo y el temor al resbalón, se llegó a una zona de recreo con cascada incluida (cascada de agua, entiéndase).
Comidos y bebidos llegamos, sin más novedad que unas pocas gotas de lluvia sobre nuestros cogotes, a Cortes de Pallás, y desde allí, esta vez sí, repitiendo camino, nuevamente hacia Burriana.
Ver: Imágenes del día
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