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San Juan – Chodos. 14 de febrero de 2010

Algo de frio y muchas fotos

 
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Pudo ser por el temor que el asfalto provoca en quienes sólo se desplazan por él a cuatro ruedas, pudo ser por la carencia de desniveles y vistas desde lo alto, por la excesiva concurrencia, por el kilometraje, la ausencia de peñascos, sendas… pudo ser por todo ello que la “Volta a peu a les ermites” no tubo excesiva aceptación entre los socios de nuestro Centro Excursionista.

De los catorce inscritos, tres no acudieron por ¿Pereza? ¿Dejadez? por ¿un ratito más en la cama?… Cuando supuestamente éramos once, sonó el teléfono para dejarnos en diez ¡y es que una garganta inflamada, es una inflamada garganta que no hay que sacar a pasear, ni tampoco a su dolido portador!… y así es que a la hora del comienzo, una decena de dispuestos senderistas fuimos los que quedamos con la intención de afrontar, con más gloria que pena, el reto de la romería.

La selección natural de las especies, o de los especímenes que allí nos dábamos cita, puso a cada uno en su sitio. Quien primero se despistó anonadado por alguna de las ermitas, se quedó tan descolgado como el que paró a quitarse ropa o a desbeber al amparo de algún diurético naranjo. Nadie negaría esta cualidad desconocida de los naranjos al verlos rodeados de miembros, seres humanos en general quiero decir, cuyo cometido no era gustar de sus frutos, sino mas bien desahogar vejigas oprimidas al amparo de sus ramas.

Como almas en pena vagábamos algunos de estos descolgados de la manada, que a su vez éramos engullidos por la otra más numerosa. La decena prodigiosa, ahora los diez desperdigados, continuaba fluctuando con la corriente humana y cambiando constantemente de cardinal; que ahora somos un trío, ahora un cuarteto y un cojo, que si el cojo se nos ha ido y ya no podremos ser los que éramos, que otros tres se han largado a la altura del grao… ¿llegaríamos alguno a la meta en forma de paella monumental?

 
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Nublado el cielo y con amenaza de lluvia, hubo paella. El sexteto superviviente brindó a la salud de los caídos por dios y sus ermitas; también hubo vino, y un sorbo generoso en recuerdo de los desertores, que si tenemos en cuenta el centenar largo de socios del CEB, fueron demasiados…

No faltó bebida, no faltó rubor, pero sí faltaste tú.

 

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