Ayodar. 17 de enero de 2010
No queráis saber por dónde exactamente trascurrió este caminar, pues no lo sé. No me pidáis que os cuente con pelos y señales cuanto aconteció, pues ni mi vista ni mi oído alcanzaron lo suficiente como para dar testimonio de todo lo que fue. Así pues me aventuro a contar que aconteció en Ayodar, que no hacía frio y que…
Bastante tiempo atrás ya se había trabajado sobre la ruta a seguir, todo estaba bien pergeñado, pero no quisieron los vientos que tal como lo previsto trascurriera el evento. Un pino y otro y otro, no se sabe si de uno en uno o todos a la vez, ocuparon en disposición horizontal lo que había de ser transitado por los erguidos homínidos senderistas. No tuvieron éstos que vérselas con tanto pino supino, pues escogiendo entre desbrozar medio monte o variar la ruta, los avispados organizadores, para no mosquear a nadie, optaron por la segunda de las opciones; y estuvo bien, muy bien…
Y en la ruta: treinta participantes, Campanario, torre, senda, pista, musgo, rio, agua, resvalón², risas (no por el resbalón² por supuesto), pantalones mojados, más risas (no por la victima, por dios) otra vez torre, otra vez rio…
Y en su final: Cerveza, poleo, vino afrutado, fotos, refrescos, algún cigarrillo, quedada para la siguiente actividad… y todo ello en el sempiterno y bienaventurado bar y/o restaurante que da de beber al sediento y de comer al hambriento. ¡Venditos sean!
Ver: Imágenes del día
