Dehesa de Soneja (Navidad). 13 de diciembre de 2009

Contábamos con ella como posibilidad cada vez más temida, del cincuenta y cinco al setenta, y de éste al noventa y tantos, y como no podía ser de otra marera, el día de la “placida”, “tranquila” y “asequible” marcha de Navidad, la presencia de la lluvia fue del cien por cien.

Capas, capelinas, capotes y capones, en sentido figurado y hacia la organización, comenzaron su despliegue más o menos afortunado sobre los cariacontecidos participantes en el evento, alguno de los cuales se iniciaba en esto del senderismo por primera vez dejando huella, o “babas” al decir de algunos… pero eso lo dejaremos para luego.

El autobús nos abandonaba a nuestra suerte, que sería mucha si contamos con que aquel día la llovizna no quiso dejar de ser niña y continuó, menuda, resbalando sobre nosotros. Vino bien la subida constante del principio, y como suele ocurrir en estos casos, muy pronto la excesiva ropa comenzó a estar de más. Así, hecho un primer alto, uno de los escasos tramos de senda que caminaríamos, fue iniciado de una manera menos lanar. Lo borreguil quedaría para el final de esa primera senda, abocada a la pista que nos llevó hasta la Dehesa de Soneja, plato fuerte de la jornada; plato que fue acompañado con buenos caldos a la hora del almuerzo; caldeado de esta manera el ambiente, se inspeccionó el entorno sin tener que notar pérdida sospechosa de verticalidad en alguno de nuestros participantes, en cambio la fluidez verbal sí era notoria.

Unos cuantos kilómetros de pista hubo que recorrer para llegar a otro punto de interés de la caminata. Temiendo el paso que de niña a mujer (Yeaaa), nuestra húmeda infanta pudiera dar, la Peña Agujereá quedó para la contemplación desde lontananza. El pensamiento de cada uno de los presentes no distaba mucho del que quiere volver a casa por Navidad, pero entre la casa y la Navidad quedaba el restaurante La Carbonera, en Chóvar.

Tras una cervecita, agua, refresco o vino rosado, según el gusto de cada cual, los treinta y tres partícipes en este ágape nos adentramos en el amplio comedor del local. “Culiaposentados” más o menos según la edad, fuimos dando cuenta de todo lo comestible que fue pasando frente a nosotros. Quedó para el postre uno de los momentos más festivos de la velada, el esperado “sorteo de Navidad”, que aún sin gordo ni pedrea, repartió premios a más de la mitad de los participantes; que si una linterna auto cargable, que si un botellín, una sudadera, riñonera… ¡Era el momento del momento!, después de los regalos, de un homenaje a quienes bien se lo merecen. Aplaudidos como socios de honor, como la pareja ya no del año sino de la década, Miguel Ángel y Lucrecia recogieron sorprendidos y emocionados el regalo que el Centro Excursionista les hacía en forma de placa conmemorativa…

“Sin vosotros no hubiéramos llegado”

Y así celebramos nuestro décimo cumpleaños. ¡Que cumplamos muchos más!

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