Y aunque era de esperar que el sol lo dorara todo, una intensa tormenta estival fue la que se llevó mucho del protagonismo que los meteoros nos brindaron…
Muy de mañanita los integrantes de esta penúltima actividad de la temporada 2008-2009 nos dimos cita para atacar los más de cien quilómetros que nos aguardaban hasta llegar a Fredes, después de tanta curva y alguna que otra pastilla de biodramina, pusimos pie a tierra y gorro en cabeza para dirigirnos a la cima del Canader. De camino nos cruzamos con alguna que otra masía abandonada como la del “Mas Blanc”, de cierto protagonismo durante las guerras carlistas; semiderruida aguarda el paso de algún que otro senderista curioso de camino hacia alguna parte. El nuestro nos llevó de allí al ya citado alto “d´en Canader” de 1393 metros, de camino a la cima, el grupo se dividió en dos, ambos nos encontraríamos en otra masía que haría las veces de parada y fonda; pese a la separación los dos grupos pasamos por la singular circunstancia de ser sobresaltados por animalitos astados, que a su vez son sobresaltados por otros animalitos humanos, a priori, sin astar.
Una vez todos reunidos, sin deterioro notable, en el mas “d´en Roda”, y con la amenaza de la lluvia sobre nuestros cogotes, nos dispusimos a degustar la comida porteada hasta el idílico lugar, muy pronto el panorama cambiaria por completo, preludio del cambio pudo ser la ruptura, a fuerza de culo y carcoma, de la bancada principal de tan bello comedor al aire libre. Al crac del madero le siguió el goteo contundente de un gran nubarrón, pronto se acallaron las risas y se huyó en desbandada hacia el que parecía único cobijo asequible donde pasar el que se suponía breve aguacero.
Y pasaron los minutos los cuartos y las medias, y aquel antiguo lavadero de pueblo dejó de ser nuestro cobijo salvador, cambiamos sus tejas por chubasqueros y ponchos para reiniciar nuestro camino de vuelta a Fredes. Sinatra hubiera estado en su salsa, nosotros sólo nos aliviamos cuando al fin el sol volvió a dejarse notar ya muy cerca de donde habíamos dejado los coches. En lugar de celebrarlo con la típica cervecita en el bar, decidimos no perder tiempo y encarar con nuestros vehículos la pista hacia Pinar Pla. Una vez allí, cambiamos de mochilas y comenzamos el último tramo de senda de camino al refugio de “la Font Ferrera”
la ducha y el relajo nos esperaban. Y con el anochecer llegó la cena que fue deglutida sin miramiento alguno, y tras la misma, cada cual buscó su acomodo encastrándose en aquellas literas corridas con el fin de simpatizar cuanto antes con Morfeo; solidariamente, aquellos que lo consiguieron primero y como arrullo para favorecer a los segundos, entonaron a la par diferentes modalidades de bufidos y otros sonidos característicos de las noches compartidas.
Al día siguiente debía producirse el encuentro con la otra parte de la expedición que decidió participar en la misma solamente el domingo, a pesar del madrugón que se dieron los tres “domingueros” el tiempo del desayuno, el aseo y el arreglo económico con el refugio, habían pasado ya y el encuentro no se había sustanciado. Decidimos comenzar el camino hacia el Negrell mientras uno de los guías esperaría en el refugio. La espera fue corta, apenas quince minutos separaron a los dos grupos que se unirían poco antes del collado de acceso a la cima del día. La panorámica que se da en dicho cuello y poco más tarde en la cima del Negrell, es una de las más espectaculares que se pueden dar en esta zona de la “Tinença”.
Tras la obligada foto de grupo en aquel magnífico lugar ya todo parecía poco, y la siguiente motivación que comenzaba a anidar en el consciente de cada cual, no era otra que la de llegar pronto a los coches, para poder así enlazar la aventura pedestre con otra aventura de carácter culinario en el conocido “Moli del Abad”, situado junto a la presa y el puente del embalse de Ulldecona.
Comenzada la operación Chuletón, el trasiego de platos, vasos, tacos de carne sanguinolenta y helados tomados al estilo garganta profunda, fueron una constante hasta que todos quedamos saciados. Ante la imposibilidad del sesteo, los más optaron por partir y llegar cuanto antes a sus respectivos cubículos,y los menos quisimos disfrutar del regalo que supone flotar, o no, a bordo de diversos artefactos sobre aquellas aguas calmas.
El domingo pasaba y con él pasó también una aventura más del centro excursionista.
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