Montanejos. 31 de mayo de 2009

Se especulaba en la reunión anterior a esta actividad, con la presencia o no del gran chorro de agua que nos rociaría a todos si seguíamos el itinerario previsto. No hubo mucho lugar a la duda, pronto se hizo evidente que si el agua del Mijares ¡ni más ni menos que por mandato de Jaime I! tenía que llegar a Burriana para regar el huerto de uno de los presentes, teniendo en cuenta además el concepto de caudal ecológico y sabiendo también que las centrales hidroeléctricas tienen que seguir funcionando incluso en festivos, la posibilidad de quedarse sin agua quedaba circunscrita a la que cada cual trajera de su casa.

Aquella mañana también se temía que la presencia del liquido elemento callera sobre los presentes a modo de lluvia, aún así dieciocho humanos curtidos y otros dos en vías de hacerlo, se embarcaron en aquella marcha semifluvial. El inicio de la misma, capitaneado por Antonio Martín (nada que ver éste con aquel otro baloncestista) comenzó en la explanada de la fuente de Baños.

Tras una breve explicación de lo que íbamos a hacer, nos pusimos en marcha hacia el primer alto, La cueva Negra; como siempre hubo quien se adentró, hubo quien no. Siguiendo en ascenso continuado llegamos cerca del collado que lleva al espectacular barranco de la Maimona, aunque nosotros optamos por seguir la senda de los estrechos en dirección al embalse de Arenoso, aunque para mejor decir, diremos que hacia el aliviadero de dicho embalse.

En algunas extrañas películas de siquiátricos no es del todo raro observar como al pobre desquiciado de turno le rocían con un potente chorro de agua fría… No quiero decir con esto que los que nos dejamos “chorrear” por aquel aliviadero fuésemos serios candidatos a algún manicomio del país, aunque tampoco me atrevo a decir lo contrario… En fin, ¡que hubo agua para todos! si señor, y en cantidad. De pies a cabeza, todo aquel incauto que continuó el recorrido sin el uso de chubasquero, casi la totalidad de los participantes, acabó empapadito/a de agua del Mijares…

Tras aquel divertidísimo trago documentado hasta el extremo, un ir y venir de toallas y de segundas mudas, ante atónitas miradas de quienes hacían la ruta en sentido contrario al nuestro, comenzaban con la operación secado, devolviendo en sí a más de uno para continuar el camino de vuelta junto aquel Mijares que sobre su grupa acuosa zarandeaba a otro tipo de senderistas de lo liquido, eso sí, convenientemente plastificados o “neoprenados”

Ya de vuelta y al tiempo que pasábamos bordeando las altas paredes que conforman los estrechos, nuestros cuerpos comenzaron de nuevo a generar el calor suficiente como para secar hasta las más intimas de las zonas previamente empapadas…

Así pues ya sequitos todos, hicimos nuestro clásico posado de grupo para poner fin a tan aventurada aventura.

…Y TU NO ESTABAS ALLÍ ¿POR QUÉ?

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