Sierra de Engarcerán. 25 de enero de 2009
Para aquellos que pensáis que Sierra de Engarcerán es una serranía, deciros que también es el pueblo que da nombre a dicha sierra ¿o será al revés?… en fin, no entraremos en disquisiciones de índole histórico toponímico, aunque me consta que el montañero Manolo de esto sabe un rato y quizá si le preguntáramos…
Pudiera haber sido una serrería o un almacén de maquinaria agrícola pero… aquel complejo de las afueras de Sierrra donde pararon nuestros vehículos, si era un almacén, lo era de cerdos, al menos el aroma imperante así nos lo hacía suponer. No fue óbice este aromático recibimiento, para iniciar la que sería una bonita y tranquila caminata repleta de vistas excelentes.
No sé si eres tú uno de esos que se arredraron ante la fuerte ventolera del día anterior, si lo hiciste, perdiste con ello la posibilidad de ver a un mismo tiempo, el macizo de Peñagolosa, los molinos de viento de Villafranca, la muela de Ares, las islas Columbretes, los puertos de Beceite, la tinença de Benifasá, el neblinoso valle del Ebro con su delta, la sierra de Irta, el desierto de las Palmas y la barriga de nuestro amigo Pepe, que vista y retirada a un lado, dejó contemplar lo que será el futuro aeropuerto de Castellón y lo que es la nueva cárcel de Albocàsser ¡Pepe te queremos, no lo dudes!
Bajando hacia la localidad de Sarratella, que supondría el punto de retorno hacia nuestra partida-destino, nos sorprendió el ambiente festivo que allí se respiraba en honor a San Antonio, llegamos justo a tiempo de presenciar las carreras populares en sus diversas categorías, de entre ellas la más simpática, la de los pequeños angelitos que endiabladamente pugnaban por llegar a meta los primeros; Los afortunados ganadores tuvieron de regalo una gallina cada uno.
El camino de vuelta a Sierra fue tan espectacular como el de ida, solo que ahora, al transitar por una cota menor, importantes paredes montañosas salían a nuestro paso, añadiendo con ello un nuevo disfrute visual a nuestro caminar. Serpenteando por laderas de monte bajo, y tras un último repecho, vino a nosotros nuevamente el sutil “aroma” porcino que indicaba, de todas todas, que el final de etapa estaba próximo. Y así fue, del camino al coche y del coche al bar. Fotos, comentarios, sorbos… Y colorín colorado esta nueva singladura a terminado
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