Azuebar – La Mosquera. 14 de octubre de 2007
Domingo 14 de octubre de 2007. Pocos fuimos los que decidimos afrontar esta segunda salida del Centro Excursionista llevada a cabo entre los términos de Azuebar y Almedijar. Quienes fuimos, nueve individuos que no saben dormir un domingo por la mañana, nos pudimos deleitar caminando en una de las zonas más tupidas de alcornoques de la Sierra de Espadán y también de España, según se hizo constar en algún comentario vertido al respecto.
Habiendo salvado con los coches unos cuantos kilómetros de pista asfaltada, pista que salía de Azuebar, llegamos a la parte de la misma en que el pavimento se convertía en tierra, allí quedaron los coches y desde allí comenzó el paseo de la jornada. Sin ninguna prisa, tal sería el denominador común durante todo el día, nos adentramos por un magnifico valle que en su tramo final está presidido por el Mas de la Mosquera, flanqueado éste a su vez, por un numerosísimo arbolado de sureres. ¡Cuánto corteza despegada, cuánto corcho, cuánto tapón, cuánta botella, cuánto vino, cuánto dipsómano!
Subir, un verbo que se hace realidad subiendo por ejemplo la cuesta que tanto costó, y más si te desorientas apenas comenzar y tienes que descender para volver a ganar en altura. Iba esta subida desde la Mosquera hasta el collado de Peñas Blancas, y aunque el ritmo fue comedido y la distancia corta, hubo que sortear a un puñado de avispadas avispas que puso en jaque a alguno de los primeros de la fila, comprendiendo entonces los rezagados las bonanzas de la cola… (Entiéndase, ir el último)
¡El monte es de todos! También de los cazadores, que allí estaban escopeta al hombro esperando a algún incauto Jabalí. No hubo tiros, mala jornada para ellos, buena para nosotros y los gorrinos de monte.
Fuerte descenso fuerte subida y ya estábamos en el alto del Cerro Gordo, de allí en pronunciada bajada hasta el collado de la Ibola o puerto de Almedijar para los ciclistas, bajada que continuó hasta situarnos en el inicio del barranco de Almanzor, evitando así el tener que caminar por la carretera varios kilómetros. Entre una gran frondosidad y vadeando el escaso caudal, descubrimos algún que otro árbol monumental y la fuente que lleva el nombre del barranco.
Ganar la carretera desde la fuente, con agua pero sin caño, resultó bastante exigente para todos. Pero muy pronto pasaría el mal trago de este escueto ascenso que saliendo a la carretera nos serviría para tomar una pista en dirección al Mas de la Mosquera. Actualmente este antiguo e inusual caserón de montaña, de aspecto contundente, se encuentra próximo a la ruina. Afortunadamente aún conserva el techo, lo que alargará por poco tiempo su agónico deterioro si alguna institución o particular adinerado no lo remedian. En su expoliado interior se aprecian detalles y distribuciones inusuales para una simple casa de campo.
Después de haber comido al amparo del señorial caserón, y habiéndonos hecho la foto de rigor, y otra menos rigurosa y censurable… pasamos por la fuente de la Mosquera en donde sí había caño para rellenar botellas. A partir de aquí el camino de vuelta a los coches era el inverso al que habíamos emprendido al iniciar nuestro día.
De la pista a los coches y de los coches, unos a casa y otros ¡ojo peligro de cronicidad! a por la rica y refrescante cervecita…
¡Hasta la próxima, no faltes, que no te lo tengamos que contar! Ver : imagenes del día
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