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  • Mar 9/2/2010: Reunión
  • Dom 14/2/2010: Peñagolosa. San Juan-Xodos
  • Mar 23/2/2010: Reunión
  • Dom 28/2/2010: Desierto de las Palmas. Agujas de Santa Águeda
  • Mar 9/3/2010: Reunión

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PRÓXIMA ACTIVIDAD

EL CEB SUBVENCIONARÁ A SUS SOCIOS PARTE DE LOS QUINCE EUROS DE LA INSCRIPCIÓN

 
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Pudo ser por el temor que el asfalto provoca en quienes sólo se desplazan por él a cuatro ruedas, pudo ser por la carencia de desniveles y vistas desde lo alto, por la excesiva concurrencia, por el kilometraje, la ausencia de peñascos, sendas… pudo ser por todo ello que la “Volta a peu a les ermites” no tubo excesiva aceptación entre los socios de nuestro Centro Excursionista.

De los catorce inscritos, tres no acudieron por ¿Pereza? ¿Dejadez? por ¿un ratito más en la cama?… Cuando supuestamente éramos once, sonó el teléfono para dejarnos en diez ¡y es que una garganta inflamada, es una inflamada garganta que no hay que sacar a pasear, ni tampoco a su dolido portador!… y así es que a la hora del comienzo, una decena de dispuestos senderistas fuimos los que quedamos con la intención de afrontar, con más gloria que pena, el reto de la romería.

La selección natural de las especies, o de los especímenes que allí nos dábamos cita, puso a cada uno en su sitio. Quien primero se despistó anonadado por alguna de las ermitas, se quedó tan descolgado como el que paró a quitarse ropa o a desbeber al amparo de algún diurético naranjo. Nadie negaría esta cualidad desconocida de los naranjos al verlos rodeados de miembros, seres humanos en general quiero decir, cuyo cometido no era gustar de sus frutos, sino mas bien desahogar vejigas oprimidas al amparo de sus ramas.

Como almas en pena vagábamos algunos de estos descolgados de la manada, que a su vez éramos engullidos por la otra más numerosa. La decena prodigiosa, ahora los diez desperdigados, continuaba fluctuando con la corriente humana y cambiando constantemente de cardinal; que ahora somos un trío, ahora un cuarteto y un cojo, que si el cojo se nos ha ido y ya no podremos ser los que éramos, que otros tres se han largado a la altura del grao… ¿llegaríamos alguno a la meta en forma de paella monumental?

 
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Nublado el cielo y con amenaza de lluvia, hubo paella. El sexteto superviviente brindó a la salud de los caídos por dios y sus ermitas; también hubo vino, y un sorbo generoso en recuerdo de los desertores, que si tenemos en cuenta el centenar largo de socios del CEB, fueron demasiados…

No faltó bebida, no faltó rubor, pero sí faltaste tú.

 

Ver: Imágenes del día

No queráis saber por dónde exactamente trascurrió este caminar, pues no lo sé. No me pidáis que os cuente con pelos y señales cuanto aconteció, pues ni mi vista ni mi oído alcanzaron lo suficiente como para dar testimonio de todo lo que fue. Así pues me aventuro a contar que aconteció en Ayodar, que no hacía frio y que…

 
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Bastante tiempo atrás ya se había trabajado sobre la ruta a seguir, todo estaba bien pergeñado, pero no quisieron los vientos que tal como lo previsto trascurriera el evento. Un pino y otro y otro, no se sabe si de uno en uno o todos a la vez, ocuparon en disposición horizontal lo que había de ser transitado por los erguidos homínidos senderistas. No tuvieron éstos que vérselas con tanto pino supino, pues escogiendo entre desbrozar medio monte o variar la ruta, los avispados organizadores, para no mosquear a nadie, optaron por la segunda de las opciones; y estuvo bien, muy bien…

 
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Y en la ruta: treinta participantes, Campanario, torre, senda, pista, musgo, rio, agua, resvalón², risas (no por el resbalón² por supuesto), pantalones mojados, más risas (no por la victima, por dios) otra vez torre, otra vez rio…

 
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Y en su final: Cerveza, poleo, vino afrutado, fotos, refrescos, algún cigarrillo, quedada para la siguiente actividad… y todo ello en el sempiterno y bienaventurado bar y/o restaurante que da de beber al sediento y de comer al hambriento. ¡Venditos sean!

Ver: Imágenes del día

 
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Contábamos con ella como posibilidad cada vez más temida, del cincuenta y cinco al setenta, y de éste al noventa y tantos, y como no podía ser de otra marera, el día de la “placida”, “tranquila” y “asequible” marcha de Navidad, la presencia de la lluvia fue del cien por cien.

Capas, capelinas, capotes y capones, en sentido figurado y hacia la organización, comenzaron su despliegue más o menos afortunado sobre los cariacontecidos participantes en el evento, alguno de los cuales se iniciaba en esto del senderismo por primera vez dejando huella, o “babas” al decir de algunos… pero eso lo dejaremos para luego.

 
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El autobús nos abandonaba a nuestra suerte, que sería mucha si contamos con que aquel día la llovizna no quiso dejar de ser niña y continuó, menuda, resbalando sobre nosotros. Vino bien la subida constante del principio, y como suele ocurrir en estos casos, muy pronto la excesiva ropa comenzó a estar de más. Así, hecho un primer alto, uno de los escasos tramos de senda que caminaríamos, fue iniciado de una manera menos lanar. Lo borreguil quedaría para el final de esa primera senda, abocada a la pista que nos llevó hasta la Dehesa de Soneja, plato fuerte de la jornada; plato que fue acompañado con buenos caldos a la hora del almuerzo; caldeado de esta manera el ambiente, se inspeccionó el entorno sin tener que notar pérdida sospechosa de verticalidad en alguno de nuestros participantes, en cambio la fluidez verbal sí era notoria.

 
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Unos cuantos kilómetros de pista hubo que recorrer para llegar a otro punto de interés de la caminata. Temiendo el paso que de niña a mujer (Yeaaa), nuestra húmeda infanta pudiera dar, la Peña Agujereá quedó para la contemplación desde lontananza. El pensamiento de cada uno de los presentes no distaba mucho del que quiere volver a casa por Navidad, pero entre la casa y la Navidad quedaba el restaurante La Carbonera, en Chóvar.

Tras una cervecita, agua, refresco o vino rosado, según el gusto de cada cual, los treinta y tres partícipes en este ágape nos adentramos en el amplio comedor del local. “Culiaposentados” más o menos según la edad, fuimos dando cuenta de todo lo comestible que fue pasando frente a nosotros. Quedó para el postre uno de los momentos más festivos de la velada, el esperado “sorteo de Navidad”, que aún sin gordo ni pedrea, repartió premios a más de la mitad de los participantes; que si una linterna auto cargable, que si un botellín, una sudadera, riñonera… ¡Era el momento del momento!, después de los regalos, de un homenaje a quienes bien se lo merecen. Aplaudidos como socios de honor, como la pareja ya no del año sino de la década, Miguel Ángel y Lucrecia recogieron sorprendidos y emocionados el regalo que el Centro Excursionista les hacía en forma de placa conmemorativa…

 
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“Sin vosotros no hubiéramos llegado”

Y así celebramos nuestro décimo cumpleaños. ¡Que cumplamos muchos más!

Ver: Imágenes del día

 
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También aquí, al igual que en la pasada actividad, la presencia del viento marcó la marcha de esta nueva salida de medio día.

El frio, que el viento se encargaba de alojar junto a nuestras carnes, era compensado por el calor del paso decidido en dirección ascendente. Lo uno por lo otro, equilibrio perfecto, a más viento mayor ritmo, más movimiento. Lamentablemente este supuesto equilibrio, queda roto cuando, por no sé qué ley de la termodinámica, el ascenso concluye y con él esa fricción motriz reparadora, además otro enemigo declara la guerra en esos momento, y el sudorcillo acumulado que fue empapando la primera de tus capas, ahora se va enfriando y te provoca una sensación de lo más desagradable…. Ummmm ¡Qué rico! ¡Qué bella es la montaña! ¡Cuán bello el senderismo! ¡gripe vade retro!

Todo este vendaval de sensaciones, hizo que la zona de almuerzo que estaba prevista en la cumbre del pico Batalla, fuera desplazada un poco más abajo, y que la cima quedara sólo como el lugar donde realizar una rápida foto de grupo.

Llegó el temido descenso técnico, descenso que unos lo han bautizado como el del “Teleférico” y otros, más propensos al patinazo culero… bueno, no me atrevo aquí a decir cómo la llamaron entre ayes y suspiros.

Todo iba sobre botas (en sustitución de ruedas) y paulatinamente nos acercábamos al final de la etapa sin tener que lamentar grandes sobresaltos, presencia de

 
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cazadores de coto privado que no quieren ni vernos, ni incidencias de importancia. El largo descenso finiquitaba dejándonos en la carretera que se dirige hacia Aín, apenas tomados un centenar de metros de la misma, volvimos al lecho fluvial que nos llevó hasta el bello pueblecito punto y final de nuestra jornada.

¡Y esta vez no hubo bar!

Ver: Imágenes del día

 
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Viento en popa a toda vela, no corta el mar, sino vuela…. ¡Hubiera volado, me atrevo a decir que el mismísimo Bajel pirata, en aquel lugar y en aquellas condiciones hubiera volado! …Pina a un lado, al otro San Juan, y allá a su frente Estambul (De haber llegado)

El organizador Josemanuel García, sin él saberlo, conseguía hacer de esta aventura y de esta ascensión, la más alta cota alcanzada por el CEB hasta la fecha. Desde Camarena de la Sierra, comenzó el camino que, calmado al principio y siguiendo el tranquilo cauce del río Camarena, iría ganando en intensidad en busca de las proximidades del refugio de Rabadá y Navarro. Tras un almuerzo más o menos contundente y generoso en líquidos más o menos espiritosos, se reanudó la marcha hacia las nuevas instalaciones de la estación de esquí; llegados a este punto, surgió un mínimo desconcierto: donde apenas dos meses antes, había una senda perfectamente marcada, existía ahora una explanada repleta de máquinas excavadoras y camiones. Habría que improvisar un camino que “al azar” nos llevara a lo más alto del lugar. Y se encontró el camino, pero no de casualidad, y se continuó remontando, pero no sin sudar, y se llegó a la cima, pero no sin despeinarse…

Viento, viento, mucho viento, fuerte viento, afortunadamente para nosotros carente de frescor. Allá arriba a los 2022 metros, escupidos por Eolo, íbamos llegando

 
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desparramados buscando el abrigo que nos brindó un monolito, que hacía las veces de monumento conmemorativo. Buscando el amparo de una de sus cuatro caras, esperamos a que la reunión de grupo fuera un hecho, al igual que la fotografía que lo plasmó. Y después nos fuimos a tomar viento, pero un poquito más abajo, donde este ya comenzaba a ser anécdota.

Aprovechando por momentos los nuevos tramos de pista esquiable, sin nieve, luego sin esquíes, improvisamos sendas de descenso para llegar nuevamente a las postrimerías del refugio de Javalambre, donde repusimos fuerzas a modo de alimentos variados. Desde allí una amable pista nos llevaría en descenso hasta la fuente de la Blanquilla. Pronto volveríamos al tramo fluvial de aquella mañana, pronto pues, al lugar de partida, Camarena.

 
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Y como viene siendo tradición, antes de abandonarla, sabe dios hasta cuando, nos adentramos en uno de sus restaurantes a degustar alguna de sus ofertas espumosas a modo de cervecitas, cuando de repente, no se sabe muy bien a santo de qué burbuja traviesa, alguien dijo. “esta ronda la pago yo”….

Y así fue, esa ronda la pagó él. GRACIAS compañero.

Ver: Imágenes del día

 
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Chiquita pero matona. Al parecer de algunos esta última aventura del CEB resultó un tanto más “atragantante” de lo esperado. En el anuncio de esta marcha, la dificultad era considerada como media-baja y su duración estimada en tres horas, al poco de comenzar la primera y única ascensión medianamente significativa algunos, en su fuero interno, comenzaban a preguntarse por el significado de la expresión “media-baja” llegando a dudar incluso de lo aprendido en la escuela básica, y en última instancia hasta de su propia condición física; Cuando exactamente lo contrario hubiera sido lo propio… Y por si esto hubiera sido poco, a las tres horas promediadas, hubo que añadir otra más.

Cabría decir que de alguna manera esta caminata estaba un tanto gafada desde el principio. En una primera exploración, allá por el uno de agosto: Calor, arañazos, sudor y sangre. En una segunda exploración, finales de agosto: Más calor, arañazos, serrucho y tijeras. En una tercera acometida, que se suponía la definitiva: Calor, picaduras, extravío y más tijeras… No hubo una cuarta aventura preparatoria, se dejó todo, su conclusión final, para el día de Todos los Santos. De esta manera si el gafe seguía con nosotros, el cementerio quedaba cerca, limpio y floreado…

 
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Bromas a parte, aunque hubo picaduras, mareos y el lector GPS no funcionó, la marcha cumplió finalmente con lo esperado, y se pudo disfrutar de la visión espectacular

 
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de las Peñas Aragonesas, tanto desde una de sus cimas como desde sus pies.

Y para celebrarlo ¡cómo no! nada mejor que sorber de unas cervecitas reparadoras.

Ver: Imágenes del día

 
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No estaríamos exagerando si dijéramos que esta marcha fue una de las más subyugantes que hemos realizado en el Centro Excursionista. Ni larga ni corta, ni dura ni pesada y además con muchos atractivos.

Pudiéramos comenzar haciendo referencia a la vistosidad de la población. Situada a casi mil doscientos metros de altitud, Ares del Maestre parapetada por la muela que lleva su nombre, destaca de su entorno a la vez que se beneficia del mismo, para captar la atención de quien se quiere pasar de largo dirigiéndose a otras localidades vecinas. Parte del pueblo como tal, sería visitado al finalizar la marcha, ahora lo que imperaba ante los cuatro grados positivos de temperatura era calentar gargantas rápidamente y ponernos en marcha.

El descenso prolongado fue la tónica de los primeros Kilómetros. Podríamos decir que practicamos durante aquella jornada un barranquismo en seco dividido en tres tramos, correspondientes cada uno de ellos a otras tantas depresiones del entorno; al tocar fondo en la primera de ellas, quedó en la distancia y en lo alto, allá colgado, Ares, que desde esta nueva perspectiva sería captado por cámaras y retinas.

Era el turno ahora para comenzar el ascenso por el “barranc dels Molins”, segundo de la jornada, el barranco, para toparnos con el primero del día, el molino. La dimensión

 
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cultural de aquél paseo comenzaba a plasmarse en la piedra labrada de estas construcciones, que serían cinco en total. “Sol de la Costa” el primero de ellos, permitía adentrarse mínimamente en sus entrañas subterráneas, lo aprovechamos. El resto de ellos, a cual de más arriesgada ingeniería hidráulica, permitía a nuestras mentes imaginar su acertado funcionamiento a partir del toma y daca de las aguas de aquel enclave. Gozoso fue el ascenso; por el entorno, por la arquitectura, por la panorámica y por la compañía.

 
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El trámite entre el segundo y el tercero de los barrancos no tuvo desperdicio, las primeras fajas que íbamos a recorrer aquel día ya pasaban de ser una realidad visual a otra más pisable, más caminable. Los afectos por el vértigo pasaron su breve instante de angustia al sentirse por momentos al borde del borde y darse cuenta que más que un sentimiento, aquello era muy real. Pero todo pasa, y la belleza del segundo con sus molinos y la del tercero con sus abismos, dejaron paso a la tranquilidad de los llanos, que pronto fueron hollados de camino hacia la nevera “dels Regatxols”, cerca de la cual se repusieron fuerzas para encarar el último tramo de aquella aventura.

Lo que ahora quedaba por delante era poco y era bello, siguiendo con el tono general de aquel día. Superada la altitud de la población, Ares que siempre quedaba sobre

 
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nuestras cabezas, ahora estaba a nuestros pies. Disfrutamos con la belleza del lugar y caminamos por la faja de Ares hasta darle alcance, y bajando nos adentramos por sus calles. Era el turno entonces de las visitas de rigor, el bar, el bar y además el bar… y También la plaza con sus pórticos y la iglesia restaurada, que vio frente a ella, al igual que en el pasado, cómo alguien daba con sus huesos en la antigua cárcel… Rescatado él y a salvo el resto, la carretera nos devolvió a casa.

Ver: Imágenes del día

 
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Hay vida después de la Sierra de Espadán. Ni mucho menos signifique esto que damos por concluido el periplo serrano por nuestras montañas más próximas…

Gúdar en la provincia de Teruel, colgada a más de 1500 metros de altitud, contó con la visita de 19 excursionistas del CEB, que con la intención de recorrer 18 km de su entorno se pusieron a ello al momento de llegar, casi dos horas después de su salida de Burriana.

La primera parte de la marcha trascurrió siguiendo en todo momento una pista forestal que nos fue alejando paulatinamente de la población. Aunque a la sombra la frescura del lugar se hacía de notar, muy cerca de allí se encuentra la estación de esquí de Valdelinares, caminando por aquella pista, la claridad del día con su sol hizo sudar a más de uno.

Esos primeros kilómetros dieron para favorecer la comunicación y el apercibimiento de las diferencias paisajísticas con respecto a lo que habitualmente conocemos del entorno de la provincia de Castellón. Lo más notorio quizá, la casi total ausencia del rodeno, la presencia de numerosos fósiles y la abundancia de pastos, a parte de la mayor altura del lugar, 1700 metros en algún que otro punto.

 
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Después de esa primera parte de camino forestal, vino el abandono del mismo en busca del barranco de la Umbría, el terreno por fin se “encabritaba” dando con ello placer a los cabritos del lugar… Cabritos y cabritillas del lugar, cuadrúpedos todos, que no bípedos, entiéndase.

Poco a poco el barranco fue haciendo honor a su condición, y pequeños saltos de agua y diferentes pozas salieron a nuestro paso, provocando deleite y gozo visual sin

 
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excepción a todos cuantos allí éramos puesto que allí estábamos.

Área recreativa de la Dehesa… creo que era este el nombre del lugar en donde pudimos comer al amparo de un buen techado de madera y en posesión de buenas bancadas del mismo material. Sin alargar demasiado tan suculento momento, nos pusimos en marcha para continuar por los lugares de mayor belleza de este barranco umbrío siguiendo entonces tramos del PR 33.

El final de nuestra jornada se acercaba con cada paso que dábamos, curiosidad esta que sólo se da en marchas circulares, de tal manera que apenas sin querer, nos encontramos nuevamente con la silueta de Gúdar; el único “pero” de esta curiosidad es que mientras nosotros nos encontrábamos en el fondo de un barranco, la localidad se obstinaba en permanecer colgada de sus 1500 metros.

 
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Por la irónica calle de la Amargura conseguimos alcanzar su casco urbano, salvar este escoyo provocó

 
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sangre, sudor y lágrimas a más de uno. Figurado lo primero y lo último, la realidad de uno sudor masivo y continuado provocó en nosotros unas intensas ganas de saciedad líquida que a modo de cervezas evaporó todos nuestros pesares… ¡Volveremos!

Ver: Imágenes del día

 
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La primera de las actividades post vacaciones del verano no podía ser de fuerte exigencia física. Una temporada más se optó por retomar el senderismo activo, el que no es de salón, el que no consiste en ir y volver al grao un par de veces, de una manera suave, sin provocar demasiados aspavientos…

Veinticinco participantes nos dimos cita en Navajas, alto Palancia, la localidad se encontraba en fiestas aquel día veinte del presente; con los “Masclets” de la “despertá” comenzamos nosotros a caminar. El guía de la marcha, Jose Manuel García, había comentado previamente que lo “duro” de aquella jornada se encontraba al principio; poco más de cien metros de desnivel fue todo cuanto hubo que ascender.

Habiendo cruzado la abandonada y cicloturística vía verde de Ojos Negros y una vez coronado aquel alto que sirvió de mirador sobre la localidad, la marcha transcurrió tranquila hasta llegar al embalse del Regajo. Fue en este lugar donde el trasiego de viandas de diferentes índoles y aspectos saciaron la hambruna de los presentes.

Trabajaban de nuevo las piernas y ahora también los estómagos, los unos y los otros se dirigían, transcurrido ya el ecuador del camino, y junto a sus legítimos propietarios, de vuelta al lugar de partida, aunque para ello habría que descender hacia el cauce del río Palancia.

La primera toma de contacto con el rió sirvió para disfrutar del bonito enclave y tomar en él las primeras fotos de grupo. Una escalinata tallada en la roca, un cristalino manantial y un bonito arco a modo de puente, fueron los testigos de aquel primer posado fotográfico.

 
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Poco camino después, convertido éste en un atractivo sendero fluvial, tan sólo nos quedaba el encuentro con los afamados saltos de agua de la localidad.

Dimos buena cuenta del hermoso lugar disparando una y otra vez nuestras cámaras, como también dimos buena cuenta del diferente surtido de bebidas, que mas tarde junto con el acompañamiento de una banda musical, probamos en un bar de la saturada, por festiva, localidad de Navajas. Y lo pasamos bien.

Ver: Imágenes del día

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