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“ALMEDÍJAR (PICO CULLERA)”


Fecha: Domingo 29 de enero.

Salida: 8:00 h. desde el Casal Jove.

Distancia: 13,5 kilómetros.

Duración: 4 horas 30 minutos.

Desnivel: 600 metros.

Dificultad: Media – alta.

Material: Calzado adecuado, bastón y ropa de abrigo. Agua y comida para medio día.

Descripción: Nuestro objetivo en esta ocasión es el pico Cullera (979 metros). Esta vez nuestra ruta es un tanto exigente, en ocasiones nos obliga a estar pendientes del camino, debido a alguna que otra pequeña dificultad.

Saldremos de Almedíjar (411 metros) hacia el barranco Almanzor, y al llegar al área recreativa seguiremos nuestro camino por la izquierda, para comenzar a ganar altura y poder alcanzar el pico Cullera.

La vuelta la haremos siguiendo todo el cordal rocoso que tenemos a nuestra izquierda. Continuaremos por la cresta hasta poder enlazar con una pista cerca del Corral de Miralles, seguiremos por esta pista hasta encontrarnos con un PR (antigua calzada romana) que nos llevará de vuelta a Almedíjar.

Recomendamos llevar ropa cómoda, unas buenas botas y bastones que nos sirvan de apoyo. También es aconsejable que las personas que quieran acompañarnos, tengan un mínimo de preparación en la montaña.

- No hay agua en todo el recorrido -


Más información en la reunión del día 24 de enero
en la Casa de la Cultura, 2ª planta, aula 9
de las 20 h. a las 21 h.
Serán todos bienvenidos.

Ribesalbes. 15 de enero de 2012

¿Las Navidades bien, o en familia? Con esta simpática pregunta, que alguien con sorna dejó caer, daba comienzo en Ribesalbes la primera de las marchas de este año 2012. Dificultad baja, necesidad de quemar calorías, inactividad durante alguna semana… Todo ello debió de conjugarse para que los organizadores de esta salida se toparan con la cifra récord de cincuenta y dos participantes. Capearon moderadamente bien el chaparrón de senderistas, habida cuenta de su veteranía, por lo menos en edad.

La Marcha en sí estaba exenta de dificultad alguna, a excepción de dos pequeñas paredes que hubo que superar camino de la cueva del “Negre”; nada que no pudiera hacerse con la colaboración, a veces demasiado impetuosa, de manos amigas que tiraban de uno cuando era necesario. Previo a la cueva, quedaron atrás otra cincuentena, distinta a la nuestra, que jugando a ser soldados cargaban sus armas y pintaban sus caras para batirse a bolazo limpio. Más atrás en el tiempo, antes de toparnos con los pistoleros, bordeamos el embalse de Sitjar y alguna de las azulejeras colindantes, que hacia el final del recorrido, volveríamos a encontrar en estado ruinoso. Algunos intentos de arqueología industrial nos llevaron a ver un antiguo e interesante horno de cocción y poco más.

Llegábamos nuevamente al lugar de partida dejando atrás cuanto se te ha dicho junto con lo que se ha omitido, que a veces suele ser más sustancial… Ahora, por delante, sólo quedaba la visita al museo cerámico o a uno de los bares de la localidad. Como es lógico el grupo quedó dividido ante tal disyuntiva, aunque todos al fin acabamos haciendo lo mismo, comiendo la típica paella dominical. Unos, la que hacía mamá, y otros, la que se hizo en Ribesalbes.

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Benasal – Culla, Navidad. 11 de diciembre de 2011

Hubo quien acabó bailando la conga en la calle San Vicente, a esas horas en que las familias con sus hijitos se retiran al hogar después de la jornada dominical, las mismas familias que observaban el festival de los que desparramados por allí, o encaramados a una reja, o laxos en sillas providenciales, argumentaban estériles debates sobre disfraces carnavalescos improbables. Los cubatas y las cervezas seguían nuestro rastro… Bueno, quizá fuera a la inversa… Y todo eso que acababa de aquellas maneras, como es de suponer, comenzó de otra guisa…

El frío mañanero nos recibió en Benasal pasadas de largo las nueve de la mañana, aún había escarcha, y aún quedará, digo yo, la rampa que evitó la congelación de más de uno, una rampa que acabó en la ermita de San Cristobal, a más de mil metros de altitud. En procesión llegamos a ella, y de ella del mismo modo partimos, y en el ínterin: fotos, bocatas, termos, micciones y más fotos con Culla y Peñagolosa como telón de fondo. Y allá que nos fuimos, a disfrutar de ese telón bosquejado con la ciudad medieval. Muy pronto íbamos a llegar a ella, demasiado pronto, por eso hubo que relajarse en la improvisada platea que supuso para nosotros la cueva del Bovalar. Y más fotos, y más micciones para llegar bien descargados a la función que allá en Culla estaba a punto de comenzar.

Respiración contenida, nervios, aplausos y el telón del restaurante La Carrasca se descorría para dejar a la vista una magnífica decoración a modo de líquidos y sólidos dispuestos en orden sobre tres mesas rodeadas de cuarenta sillas; cuarenta bocas dieron cuenta del ágape, de los regalos, de los brindis, de los licores y de las “joticas”. Y la función se alargaba y pocos querían marchar, entre esos pocos el conductor del autobús, que no veía la hora de dejarnos en casita y escapar de aquella descompasada coral que “musicalizó” todo el viaje de vuelta…

¡Felices fiestas!

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Montanejos. 27 de noviembre de 2011

Un bus juguetón y de amortiguadores saltarines hizo que a más de uno se le volteara tanto la cabeza como el estómago, obviaremos por esta vez el nombre de la compañía transportista; esos treinta y siete estómagos con sus respectivas cabezas, llegaron por fin a destino junto al embalse de Puebla de Arenoso. Abrazados por un frío amanecer, buscaron rápidamente el ascenso que a un tiempo les diera calor y buenas perspectivas del lugar. Ganaban en altitud y con ello perdían de vista la Puebla, en busca de su pedanía, Los Calpes. Más o menos desmadejados fueron llegando al tranquilo y aislado lugar. Se apoderaron al asalto de una pequeña plazoleta y allí, a una hora tardía para el almuerzo y temprana para la comida, cada cual se dedicó a satisfacer a su modo y manera la hambruna acumulada.

Dejando atrás Los Calpes, comenzaba la segunda parte de este devenir por el Alto Mijares. Cruzar el barranco de la Maimona sería el siguiente obstáculo que tendrían que salvar a pie enjuto, de ser posible; lo fue. Cruzar la Maimona y seguir dirección Montanejos era optar por ascender y encaramarse por la segunda rampa de entidad de esa jornada, y era quedarse a las puertas del angosto barranco encajonado entre paredes de considerable tamaño. Hubo foto de grupo, y en fila de a uno esta vez, se procedió al recorrido más o menos aéreo del lugar. Allá abajo el minúsculo fluir de agua, allá arriba cabras montesas, y entre medias, los senderistas. Cargados de impresiones, después de las espectaculares vistas, comenzaría el descenso hacia Montanejos, allá les esperaba el autobús saltarín; aunque entre este y los caminantes se interpuso, para mayor regocijo, un bar que a todos dió de comer. Comidos y bebidos, que no beodos, emprendieron la vuelta en el amigable autobús…

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